¿Alguna vez has sentido que no eres suficiente, que hay personas que merecen más que tú? Cuando empezamos a hablar de merecimiento, nos damos cuenta de que muchas veces está atado al ego: “si soy, o si entrego, solo entonces mereceré”.
Asociamos sacrificio con merecimiento; sin embargo, no se trata de hacer, sino de creer y encarnar lo que realmente queremos. La felicidad y la paz no llegan en proporción al sacrificio, sino a nuestra capacidad de conectar con la abundancia y la alegría que ya forman parte intrínseca de quienes somos.

La felicidad no es la meta… Después de satisfacer nuestras necesidades básicas, se convierte en una elección diaria de cómo queremos vivir y cómo afrontamos nuestras circunstancias.
Sin embargo, no se trata solo de aceptar la realidad —aunque eso es parte del proceso—, sino también de soñar y permitir que la imaginación nos guíe a sentir y experimentar, en el presente, aquello que tanto deseamos. Es vivirlo de tal manera que no quede la mínima duda de que ya es nuestro. Es como alinearnos con la energía de nuestros sueños, de forma que al universo no le quede otra alternativa que responder. Aunque a veces parezca que no podemos controlar nuestra realidad, sí podemos aprender a responder de maneras que nos acerquen a la paz y la plenitud. Al ponerlo en práctica, comenzamos a conectar con la alegría y la armonía que siempre han estado disponibles dentro de nosotros.
Esto lo he reafirmado en distintas conversaciones, lo he puesto en práctica y también lo he confirmado a través de enseñanzas como las del Dr. Joe Dispenza. ¿El reto? Me cuesta soñar. Siempre he creído que la vida nos tiene reservadas cosas que ni siquiera podemos imaginar. Sin embargo, no necesitamos tener toda nuestra vida resuelta, ni saber exactamente el “cómo”; pero sí podemos empezar a imaginar y crear nuestra vida… un sueño a la vez.


Deja un comentario