Una mirada hacia los días donde el silencio genera la ilusión de desconexión.
Hace unos meses decidí soltar a fuentes externas como consejeras espirituales para empezar a escucharme más a mí misma y amplificar mi intuición. Sin embargo, en esos momentos me sentía desconectada. El silencio era abrumador: pedir señales y no recibirlas, o buscar respuestas sabiendo que no llegarían de inmediato, se convertía rápidamente en fuente de desconcierto.
Mi propósito era reenfocar mi mente en el presente, pero seguía teniendo dudas sobre cuáles serían mis siguientes pasos y cómo alinearme con un propósito que resonara con mi alma—uno del que no habría tenido conocimiento si no hubiera recurrido antes a esas fuentes externas.
Quería abrirme y escuchar el mensaje que Dios y el universo tenían para mí. Mientras esperaba, decidí dedicar mi tiempo a cuidarme, meditar, aprender a quererme tal como soy, soltar la ansiedad y disfrutar del día a día.
En ese silencio descubrí mi fuerza; soltando, encontré claridad. Y en cada instante supe no solo cuál sería mi siguiente paso, sino también el momento exacto en que mi vida cambió para iniciar este camino. Ante la duda, el silencio. Ante la inquietud, volvamos a nosotros.



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